En una charla muy distendida, aunque acalorada por momentos, mantenida con varios chefs pasteleros, panaderos y turroneros en tierras leridanas, concluían que no hay mejor manera de llegar al cliente que haciendo un producto excepcional. No importa que estés en el último rincón del planeta, en un pueblo apartado o, por el contrario, en el centro neurálgico de una gran ciudad. Tu secreto está en tus manos y en tus ingredientes.
¿Puede sonar a tópico? ¿A superficial? ¿Acaso no es ese el patrón de muchos restaurantes venerados por la crítica gastronómica y con listas de espera de reservas a pesar de su ubicación remota? En DPAS 524, encontraréis la experiencia de profesionales que desempeñan su labor en pueblos de menos de 2.000 habitantes o a más de dos horas de una gran ciudad, pero que cada día consiguen elevar su producto (postre, pan, panettone, turrón, pastel, coca, brazo de gitano…) a la categoría de objeto de deseo, que obliga a desplazar a sus seguidores unas docenas de kilómetros solo con el fin de poderlos disfrutar.
Son productos conectados con el entorno, con los ingredientes y la cultura de un paisaje rico en diversidad silvestre y agrícola. Y son la demostración de que, con la debida pasión, aprovechando las herramientas actuales de comunicación, surfeando el proceloso mar de las redes sociales y los temas en tendencia, las oportunidades del artesano son muchas. Pastelería real, retos nada minúsculos y un viaje que nos lleva hasta el último rincón del país. O quizá deberíamos decir que empieza ahí, en el último rincón. ¿Subes?
Editorial publicada en DPAS 524. Foto portada: Peras de descarte con hierbas de campo de Josep Esturi.
