A pocos meses de la gran final del World Chocolate Masters en Amberes, Jesús Quirós no se esconde. El chocolatero de Alcázar de San Juan, que representará a España y al que dedicamos un reportaje en DPAS 513, ha alquilado un obrador en la parte alta de Barcelona y se ha convertido en una especie de monje del chocolate. Pero, contra todo pronóstico, no habla de presión ni de nervios. Habla de disfrute.

En su particular búnker catalán, Jesús ha montado su cuartel general junto a un reducido pero selecto equipo: Miquel Guarro como asesor de sabores y la agencia Makeat para desarrollar el concepto temático y visual. Pero la soledad del obrador no le pesa. Al contrario, le da libertad. "Yo no podía depender de horarios. Aquí hoy empiezo a las nueve y acabo a la una, y si quiero volver a las tres y acabar a las ocho, puedo. En Alcázar no se podía preparar la Copa del Mundo; los clientes van y te buscan".

De esta manera, ha buscado su propio espacio para poder fallar, para probar, para crear sin interrupciones. Hasta los Mossos le interrumpieron una vez ante la desconfianza de algunos vecinos respecto a la actividad que se realizaba en aquel local, pero al ver lo que estaba montando, solo atinaron a compartir su sorpresa.

Un nuevo formato, una nueva mentalidad

La competición ha cambiado de espíritu. Este año, la final se celebrará en un recinto más reducido en Amberes, con aforo limitado y menos pompa. Pero el guión vuelve a ser el de ediciones anteriores, solo la mitad de los participantes podrá acabar la competición. Después de las primeras pruebas solo 8 de los 16 completarán el segundo día. Con todo, Jesús Quirós ve esta realidad con serenidad: "Quiero ir con la seriedad que esto necesita. No quiero que aquello sea una fiesta, ya tendremos tiempo de celebrar".

La estrategia está clara: ser regular. "Puedes hacer el mejor bombón del mundo, pero si haces una pieza floja, no te dan el pase". Por eso, ha aprendido a pulir cada detalle, a refinar los sabores y a no dejar nada a la improvisación.

Jesus Quirós en el obrador habilitado en Barcelona para sus entrenamientos

El concepto: una historia que conecta con el lugar

Jesús ha trabajado intensamente para encontrar un tema que tenga sentido en el contexto de Amberes. No se ha limitado a pensar en sabores bonitos, sino en una narrativa que conecte con la ciudad que lo acogerá y que se vincule con la temática propuesta por la organización: Play. "Hemos estudiado muy bien las reglas y hemos asentado bases de ideas y conceptos. Queríamos ir a algo que nos hiciera sentir incómodos al principio, para luego sentirlo como nuestro". Justo lo contrario del planteamiento que le llevó a la victoria en la ronda nacional, cuando explicaba su historia familiar con la pastelería.

Su equipo le ha ayudado a dar forma a esa idea, pero él ha tenido la última palabra en todo momento. "Quien se baja a la arena soy yo", sentencia. Y aunque no puede desvelar los detalles, adelanta que el trabajo de fondo ha sido inmenso, incluso con sus padres viajando a Amberes para conocer el espacio, medir tiempos y asegurarse de que todo esté bajo control.

Unas 'vacaciones' muy especiales

Detrás de esta intensa preparación, sin embargo, hay una historia que trasciende el azúcar y el cacao. Mientras se preparaba para el campeonato, su madre fue diagnosticada de cáncer. “Imagínate el día que pasamos", recuerda. Fue un golpe durísimo, pero también un motor. Su madre fue operada en el Vall d'Hebron el 3 de diciembre y, contra todo pronóstico, salió adelante. Su hermana también ha pasado por el quirófano. Jesús lo resume con una frase que lo dice todo: "Hago todo esto por ellos. Porque en mi casa sé que las cosas han costado mucho siempre. Mi padre lo tengo allí como un jabato... él es el primero que te anima a tirar adelante".

Y, sin embargo, cuando se le pregunta por el desgaste, Jesús responde con una filosofía que sorprende: "Para mí, esto están siendo unas vacaciones". Lo dice sin ironía. "Estoy acostumbrado a levantarme a las 7, a comer a las 3 y media como los pavos, a abrir a las 5 menos cuarto y acabar a las 11 de la noche. Para mí, llegar aquí, cogerme un día de descanso para irme a dar una vuelta por el Gótico, desayunar en Morreig o ir a Oriol Balaguer, es descansar".

No es una huida, es un reencuentro con su pasión. Y esta "tranquilidad" tiene un precio. El alquiler del local, los viajes de sus padres a Amberes para reconocer el terreno, las rondas de contacto con instituciones castellans para obtener patrocinio, las asesorías, los ingredientes... Jesús no oculta el sacrificio económico, pero lo asume con una sonrisa: "Voy a Sosa con Martín Lippo a aprender una técnica que no conozco. Voy feliz, sin dinero, pero voy feliz porque no lo controlo. Si esto está siendo un máster para toda la vida, ¿cómo no voy a estar contento?".

Sin mirar a los rivales

A pesar de todo, no se fija en la competencia. No mira el Instagram de los rivales ni se deja llevar por la presión. "Yo voy a lo mío. Vamos a ir pacientes, a ver qué pasa. El toro rompe en tablas y a ver qué van diciendo. Yo, callado". Prefiere centrarse en lo que realmente importa: que las cosas estén ricas. Porque, como dice con una mezcla de humildad y sabiduría, "está todo inventado. Pero lo que no puede fallar es el sabor".

Jesús Quirós llega a Amberes con la mochila cargada de técnica, de historia familiar, de un concepto sólido y, sobre todo, de una energía contagiosa. No va a ganar a toda costa; va a demostrar que el camino, por duro que sea, también puede ser un regalo.

Y mientras tanto, sigue en su obrador, refinando, puliendo, disfrutando. "De aquí a octubre, al 100%", dice. Y cuando le preguntan si necesita descansar, responde con una sonrisa: "Ya tendré tiempo de descansar".