En Tandil (Argentina), Figlio ha construido una propuesta que llama la atención tanto por lo que ofrece como por la manera en que decide presentarlo.

La heladería impulsada por Juan Bertolín no se limita a desplegar una línea de producto en torno al helado, la cafetería, la pastelería y la chocolatería, sino que inscribe esa oferta en un espacio con mucha personalidad. Aquí, arquitectura, diseño interior e identidad gastronómica no operan como capas superpuestas, sino como partes de una misma idea.

En una conversación en AH 224, Bertolín repasa el origen de este proyecto y ofrece detalles de la singular arquitectura, desarrollada por Eugenia Foguel.

Fotografías: Dagurke, Felix Niikado, MaikoFPV

Foto de portada: Juan Bertolín junto a Eugenia Foguel

¿Cómo nace la idea de abrir Figlio y en qué contexto personal y creativo se gesta el proyecto?

Figlio nace de una necesidad muy clara: crear un espacio de encuentro real. Detectamos que nuestros clientes no buscaban solo un producto, sino un lugar donde quedarse, conversar y compartir un momento agradable.

Pero el proyecto también nace de un ritual mucho más antiguo. Figlio tiene su origen en los almuerzos familiares en la casa de mis nonos (abuelos). Una mesa larga, improvisada con tablones de madera, donde siempre había lugar para uno más. Allí se compartían masas, tortas, postres y tiempo. Con paciencia, esfuerzo y amor por el hacer se sembró lo que hoy llamamos el Imperio del Dulce. Desde el inicio, la excelencia fue un valor innegociable. Trabajamos con leche y nata de proveedores locales de altísima calidad, frutas frescas de estación y pastas de origen italiano. Usamos sembrados abundantes porque creemos en la generosidad como valor central. En Figlio, cada producto es una ofrenda.

Vitrina de helados de Figlio

Tandil tiene una escena heladera muy reconocible. ¿En qué se diferencia Figlio?

Figlio se diferencia por una visión integral de la calidad. No solo en la receta, sino en la exhibición, en el sembrado, en la textura y en el entorno. El helado entra primero por los ojos: vitrinas rebosantes, sembrados suntuosos y una presentación cuidada al extremo. Pero Figlio va más allá del producto. Propone una experiencia multisensorial donde la arquitectura, los materiales y la escala acompañan el acto de comer helado. Cada cucharada rinde tributo a la tradición familiar de la abundancia. En Figlio no creemos en lo tímido: creemos en el banquete.

En Figlio no creemos en lo tímido: creemos en el banquete

Definís Figlio como un “Imperio del Dulce”. ¿Qué significa este concepto?

El Imperio del Dulce no es una metáfora decorativa. Es una forma de entender el oficio. Figlio no es solo una heladería: es pastelería imperial, chocolatería artesanal, macarons, café y ritual. Todo bajo una misma lógica de excelencia, generosidad y placer. El único imperio posible es el Imperio del Dulce.

Fachada de Figlio

La estética de Figlio remite al mundo clásico. ¿Por qué esta elección?

Nuestra identidad visual nace de la herencia italiana. Italia es precursora del helado y una potencia histórica en gastronomía, diseño y cultura. Queríamos que el cliente se sintiera en Italia de verdad. Por eso concebimos Figlio como un panteón de los sabores: esculturas monumentales, mármol tallado a mano, columnas corintias, casetonados inspirados en flores de cacao y bombones. El Coloso de Figlio—inspirado en el Coloso de Rodas— recibe a los visitantes con un cáliz de helado en alto. Marforio, dios del banquete, sostiene una cornucopia de frutas con textura de cucurucho. Las figuras femeninas de la Abundancia, la Cosecha y la Leche rinden culto a nuestra materia prima. La monumentalidad no decora: transporta. Convierte la visita en un viaje.

El Imperio del Dulce no es una metáfora decorativa. Es una forma de entender el oficio

¿Cómo ha respondido el público ante esta propuesta espacial y visual?

La respuesta es profundamente emocional. La gente recorre el espacio, se detiene, saca fotos y se asombra. El 100 %del local está diseñado a medida. Las patas de las mesas son cucuruchos, las esculturas sostienen helado en sus manos y cada detalle tiene un sentido. Nada es azaroso. Figlio no se visita: se vive. Es una experiencia que se recuerda y se comparte.

Cada detalle del espacio ha sido diseñado a medidaDescubre entrevista completa y estas recetas de Figlio en AH 224