Es el titular que deja la última edición de la European Pastry Cup, la competición continental celebrada en París estos 18 y 19 de enero pasados, la ronda clasificatoria para la Copa del Mundo de Pastelería.

Buffet de Francia

Francia impuso su papel de anfitriona y favorita con una actuación impecable que la alejó cómodamente del resto de clasificados. No menos impresionante fueron los trabajos de Bélgica, segunda, e Italia, tercera. Junto a Holanda, felizmente de vuelta a la arena de esta competición, mostraron un nivel que poco o nada tiene de diferente con la gran cita lionesa. Estos cuatro países, junto a un también muy competitivo Reino Unido, lograron su pase para la final de la Coupe du Monde a celebrarse en enero del 2027.

Buffet de España

España tuvo que conformarse con la sexta plaza, a cierta distancia del quinto clasificado. Su trabajo levantó sorpresas en materia de degustación por las combinaciones de sabores, las técnicas innovadoras y las presentaciones. Sin embargo, no siempre lograron el aplauso del jurado, cuyas valoraciones resaltan la necesidad de mejorar el equilibrio del sabor, las texturas y temperaturas de degustación, o incluso la pulcritud de algunas presentaciones.

¿Interpretación o preparación?

Hablando con los miembros del equipo, Marcos Díaz planteó a la organización la dificultad de interpretar correctamente el reglamento, así como los cambios y novedades del mismo que se han vivido con poco tiempo de antelación a la celebración del concurso. Errores de interpretación relacionados con la parte del trabajo que se podría traer ya elaborada, el porcentaje de moldes admitidos para su uso o incluso la parte de la pieza de hielo esculpido que se podía manipular con herramientas mecánicas. Estas malas interpretaciones alejaron todavía más las posibilidades del equipo español para desempeñar un buen papel.

Toni Pons, candidato de azúcar de España ©Nicolas Reynaud

Sin embargo, los otros países a concurso no manifestaron las mismas dificultades de interpretación, quizá a diferencia de Italia, que sufrió una penalización de 100 puntos por un uso inadecuado de moldes en el trabajo artístico. Por lo tanto, el equipo español hubiera necesitado poner mayor acento en la preparación para evitar este tipo de malentendidos.

¡Hemos vuelto!

Con todo, hay buenas noticias relacionadas con la actuación del equipo español, formado por Marcos Díaz, Toni Pons y Albert Soler, bajo la capitanía de Jordi Guillem. La primera y más evidente es la vuelta de España a la élite de la pastelería de competición en el mundo. Después de 15 años sin apenas pisar esta arena, hubo equipo, participó y llegó hasta el final.

Equipo español

La segunda buena noticia es que, a pesar de no haber desarrollado un trabajo con posibilidades de victoria, proporcionó una imagen sólida con propuestas arriesgadas y muy bien estudiadas. Se notaba que había mucho esfuerzo detrás, muchas horas de vuelo y la cooperación con muchos otros profesionales de diferentes disciplinas. Si a este hecho le sumamos la confirmación de la organización del pase de España a la final por la vía de una Wild Card, el reto está servido para reconducir aquello que sea necesario para dar un vuelco en la imagen mostrada y aumentar las posibilidades de éxito.

Romper una dinámica

La pastelería española se merece estar en lo más alto de esta competición. Pero la realidad es que el equipo español ha pasado por un vía crucis para llegar hasta París. La inexistencia de una infraestructura para soportar este tipo de iniciativas y, lo que es peor, la falta de interés de profesionales de gran talento para sumarse a un desafío de tal envergadura dibujan una realidad que hasta el momento ha sido desalentadora.

El meritorio trabajo de Marcos Díaz y el resto de miembros debería servir para allanar el camino y dar un giro a la presencia de España en las competiciones de élite. Es verdad que en facetas como el caramelo artístico o el hielo esculpido apenas hemos tenido grandes referentes en el pasado. Pero son particularidades de la competición que, atendidas con suficiente antelación, se pueden resolver con una preparación a la altura de lo exigido. Todo está servido para romper una dinámica. Cabrá esperar a ver si los protagonistas directamente implicados contribuyen a consumar este cambio de rumbo.