Dicen de la pastelería que es aquella parte de la gastronomía que más y mejor transmite felicidad. No es solo que vaya asociada a un llamativo carácter goloso, sino que culturalmente suele ser protagonista de celebraciones y momentos cumbre de una reunión -sea multitudinaria o de solo dos personas. La pastelería está pensada para celebrar, para formar parte de lo festivo y mientras tengamos motivos que celebrar estará garantizado su futuro y pervivencia. Pero la pastelería son muchas pastelerías y, como pasa en otros ámbitos de la alimentación, la industria ha ocupado muchos espacios que antes eran terreno prácticamente exclusivo del artesano o de la elaboración casera.

Por eso hoy más que nunca tiene sentido celebrar la Pastelería artesana, distinguirla, escribirla en mayúsculas, reivindicarla, ponerla de moda y hacerla más deseable que nunca. Es lo que consiguen concursos como el de La Mejor Pasta de Té Artesana de España. Esta iniciativa organizada por la revista Dulcypas convoca a todos los negocios artesanos del país a unas jornadas caracterizadas por la alta participación y la exhibición de los mejores valores del oficio, es decir: respeto por la tradición, creatividad e inquietud innovadora y compromiso ineludible con la calidad.

El fenómeno de este concurso no solo ha provocado que durante dos días de marzo todo el sector estuviera mirando a Zarautz para disfrutar de semejante festival de creatividad. Lo más importante es en realidad lo que ocurre luego, cuando los principales premiados y las mejores pastas de té de cada comunidad autónoma merecen una exposición mediática que va acompañada de un público entusiasmado con la posibilidad de disfrutar de estos pequeños bocados.

Algo parecido, aunque a diferente escala, ocurre con concursos como el del Mejor Panettone Artesano de España, con Orio Carrió y Cal Jan como ganadores en las categorías clásica y de chocolate respectivamente en 2025. El Mejor Xuixo del Mundo, cuya última edición la ganó Josep Maria Tornés con un xuixo canónico. O el Mejor Roscón de Madrid 2025 que recayó en Paloma Silvestrin de Doble Uve.

En DPAS 522 ofrecemos detalles técnicos de los productos que han merecido la máxima puntuación del jurado en cada caso. Y con ello, solo queremos sumarnos a esta celebración de la Pastelería en mayúsculas, la artesana, que a través de estos protagonistas, se está reconciliando con un sector de la población que redescubre el carácter único, exclusivo y exquisito de sus elaboraciones.

Editorial publicada en DPAS 522