En dos años, el helado de yogur griego de Myka, acompañado de más de 20 toppings, sigue siendo un reclamo en Madrid.

Prueba de ello es la apertura de dos nuevos puntos de venta en la calle Quesada número 2 (junto a la plaza de Olavide) y en Gran Vía número 54. Con estas inauguraciones, la marca ya cuenta con cinco heladerías en la ciudad, diseñadas para que los clientes puedan desconectar y viajar a Mykonos a través de helado elaborado con un yogur artesano que viene directamente de Grecia, siguiendo la receta tradicional, con leche y kéfir.

Myka

Gracias a su diseño, estos dos nuevos locales se convierten en pequeños rincones de Grecia. Las paredes encaladas en blanco roto, atravesadas por detalles en azul Egeo, reflejan la luz y crean una atmósfera serena. El suelo de piedra de aspecto rústico evoca los pavimentos irregulares de los pueblos del archipiélago, mientras que los bancos de obra, las hornacinas curvas y las vigas en tonos arena remiten a la arquitectura popular de las islas helenas. Además, en las estanterías conviven vasijas de cerámica popular con cuencos de barro esmaltado y pequeñas piezas artesanales.

Detrás de cada nueva apertura de Myka hay una historia que empezó con un viaje. Natalia Morales, chef formada en alta pastelería, y Javier Ezquerro, enamorado de la gestión y de los proyectos con propósito, recorrieron Grecia visitando pequeñas heladerías familiares, probando yogures en pueblos perdidos. De aquel viaje volvieron con la certeza de que ese sabor y esa manera de cuidar a las personas tenía que llegar a España.