Profesional versátil afincada en Argentina, su formación comienza inicialmente como diseñadora industrial en la FADU-UBA (Universidad de Buenos Aires). Sin embargo, desarrolla una trayectoria abierta a disciplinas como la escenografía, la escultura y la dirección de arte. Su enfoque transdisciplinar se traduce en proyectos donde el espacio es mucho más que un contenedor, sino un lenguaje. En la heladería argentina Figlio, construye una propuesta en la que arquitectura, producto y relato se integran desde el inicio para generar una identidad fuerte y reconocible.
Su intervención convierte la experiencia de consumo en una puesta en escena, donde el imaginario del dulce se materializa en formas, materiales y atmósferas que amplifican el discurso gastronómico.